martes, 17 de julio de 2007

Capítulo II

Caminado por un sendero oscuro y solitario, pudo visualizar la casa de Manuel, ya que este siempre colocaba un faro de leña en la entrada de su casa.
Manuel Espinosa era un hombre tranquilo y pacifico, aparte de ser jefe de familia. Su familia estaba compuesta por su esposa Claudia y sus dos hijos, uno de 8 años y el otro de 12 años, respectivamente. Como se mencionaba antes, Manuel tenia una obsesión, las armas, aunque nunca las usaba él las cuidaba como sus más grandes tesoros, y todas estas estaban juntas en una habitación de su casa. Solo él tenía acceso a esa habitación, ninguna persona, ni siquiera su esposa, podía entrar en ella, a menos que él lo permitiera.
Cuando Richard llego a la puerta de la casa de su amigo, se disponía a tocarla, pero antes que este la tocara, su amigo Manuel ya la había abierto. Y Manuel, con mucha alegría le dijo:

- ¡Amigo mío!

- Hola Manuel.

Le dijo Richard con la cabeza agachada.

-Hace mucho que no pasabas por estos lados

En ese momento, cuando lo vio, Manuel supo de inmediato que algo acongojaba a su amigo, y le dijo:
-Pasa hombre, para que hablemos un poco

-De acuerdo

Ya adentro, Manuel llevo a su amigo a la sala de estar, donde se encontraba Claudia y el mayor de sus hijos. Cuando entraron, Manuel le pidió a su esposa si podía dejar solo un momento la sala de estar para poder conversar con Richard, ya que Manuel, con solo ver a Richard, supo que este traía algo muy delicado, y este necesitaba hablarlo en privado. Su esposa, sin contradicción, tomo al niño y se fue a su habitación por un momento.
Después los dos tomaron asiento, y Manuel, con tranquilidad le pregunto:
-¿Te ocurre algo hombre?

-¡No!...bueno… si

-¿Qué te pasa?, cuéntame

-Alguien… me quiere …matar

-¡¿Qué?!

-¡Que alguien me quiere matar!

-¡¿Quién?!

-Un…escritor

-¿un escritor?, ¿y como se llama?

-No tengo idea, pero cuando hable con él, no se porque siempre le decía “Don Nicolás”, si yo nunca lo había oído en mi vida

-¿Don Nicolás?, ¿Qué extraño? Yo tampoco he oído ese nombre por estos lados

-Es muy extraño, además, no se porque me dirijo a él como “Don”, si ni siquiera eso merece una persona con ese tipo de pensamiento

-Ya lo creo, pero en ese momento ¿Qué ocurrió? ¿Te amenazo con algún arma?

-No, ni siquiera lo vi, solo oí su voz irónica que me hablaba

-¿Y que cosas te dijo?

-Me dijo que me quería borrar del mapa, porque según él, no servía en su novela


-¿Qué tu no servías en su “novela”?, pero de que diantres esta hablando ese tipo, esta completamente fuera de quicio. ¿Qué somos nosotros, personajes de una “novela”? esta loco, por lo que me dices, esta completamente loco.

-Yo creo lo mismo, pero al oírlo en ese momento, sentí un miedo tan… inmenso, que el miedo que siente uno al ser apuntado con una pistola no se le compara

Manuel, tratando de sacar a su amigo del estado en el que se encontraba, le puso la mano en el hombro y le dijo:

-¿Y que piensas hacer?

Mirándolo fijamente, Richard le dijo con firmeza:

-Voy a matarlo

-¡¿Lo vas a matar?!

-Si, porque de esa forma mi muerte desaparecerá

-¿Tu…muerte desaparecerá?

-Si, por eso vine a tu casa, necesito ropa y comida suficiente para un viaje muy largo

-¿Y a donde te diriges?

-¿Has oído algo sobre Jorge Palmo?

-Si, en el pueblo comentan mucho sobre él, que es un hombre que conoce a todas las personas del mundo

-Si, el mismo. Lo que pretendo es ir a su casa y preguntarle la ubicación de Don Nicolás, para así ir allá y matarlo

-¡¿Pretendes ir donde Jorge Palmo?!

-¿Tiene algo de malo?

-Bueno en realidad no se, pero escuche que cuando tu le preguntas algo sobre cualquier persona, te pide algo a cambio de esa información

-¿Algo a cambio?, ¿Cómo que?

-Por lo que escuche, te puede pedir cualquier cosa, lo que a él se le ocurra

-Bueno, estoy dispuesto a dar lo que sea, con tal de saber donde se ubica ese infame

-Tienes que tener cuidado cuando trates con él, a todo esto, ¿Sabes donde vive Jorge Palmo?

-Se que esta situado más allá de la carretera que rodea la villa, pero no se la ubicación de su casa, ni siquiera se como es su casa

-Por lo que me dijeron, vive en una casa de piedra en forma de pentágono, y a esta la rodea un inmensa reja de metal oxidado, y hay algo que la caracteriza por sobre todo lo demás

-¿Qué cosa?

-En su puerta tiene un letrero blanco con letras negras que dice “Que venga el mundo a conocer el mundo”

-¿“Que venga el mundo a conocer el mundo”?, que extraña frase

-Si, es muy extraña, así que ten cuidado Richard

-Lo tendré

-Muy bien ahora iré a listar lo que me pediste

-Gracias amigo, pero quisiera pedirte un ultimo favor

-¿Cuál?

-Dame un arma, para poder llevar a cabo mi motivo

Pensando un poco después de la directa petición, Manuel con un poco de miedo, le dijo a Richard:

-De… acuerdo, pero solo te pido algo a cambio

-¿Qué cosa?

-Cuando lleves a cabo tu cometido, no me involucres si te llegan a atrapar, no quiero que la estabilidad de mi familia y la mía misma se valla por el suelo, por tu acto. Solo con esa condición te doy el arma

-Acepto, y tranquilo, nunca le diría a alguien que tu me diste el arma

Después de oír eso, Manuel saco un montón de llaves extrañas y se dirigió a su habitación especial para preparar el bolso para su amigo, con las cosas que este le había pedido incluyendo el arma.

Capítulo I

-Me quiere matar ¿no?

-Yo puedo hacerlo, si así lo estimo conveniente, señor Modgar

-Claro, solo si tú si estimas conveniente ¿Y que hay de mi opinión?

-Tu opinión, tu ser, tus decisiones, tus acciones, tu todo lo haces porque yo lo escribo. Tu opinión seria solo mi opinión. Al final seria lo mismo si yo la tomara o tú la tomaras, todo saldría de mi y siempre quedaría satisfecho

-¿Quién te crees? ¿Dios?, ¿Por qué me quiere matar? ¿Qué quiere de mi Don Nicolás?

-De ti nada, yo solo quiero escribir una buena novela, pero si tú no quieres hacerlo así, solo me queda la opción de borrarte del mapa para continuar con lo que estoy escribiendo

-¿Tengo alguna opción aparte de la muerte?

- No, no tienes ninguna, la única facilidad que te doy es escoger tu muerte. Yo ya tengo una idea, pero si tu tienes otra puedes hacerla notar

- ¡Me resigno!, nunca caeré en su juego

-De hecho ya estas en el, Richard

- ¡No!

Al oír lo ultimo, Richard salio de su casa y corrió sin destino fijo. Cuando ya no pudo correr más, vio un árbol que estaba en el camino y se sentó allí para descansar y meditar un poco la situación en la que estaba. “¿Qué voy hacer?, no quiero morir solo porque ese loco escritor, si se le puede decir escritor, así lo quiere. No se que hacer, estoy demasiado confundido”

Tomándose un momento, pudo calmarse un poco, y al estar más tranquilo pensó: “Tengo muchas opciones para escapar de esta muerte, pero hay una que intriga mas que las demás, ¿Qué pasaría si yo mato a Don Nicolás? No podría llevar a cabo su cometido y mi muerte desaparecería. Si eso voy hacer, matare a ese novelista.

Después de haber desarrollado su plan y de tener todo claro, dijo así mismo: “Para empezar ¿Dónde lo puedo encontrar? ¿Cómo es?, el encuentro que tuve con él en mi casa, no fue de manera física, sino que solo escuche su voz irónica golpeándome en el oído”.
Pensando un momento, se dijo así mismo: “Hace algunos días atrás, oí hablar en el pueblo de un hombre que vive mas allá de la carretera que rodea Villa Sumergida, dicen que conoce a cada una de las personas del mundo, sus características, su localidad, todo. Creo que su nombre es Jorge Palmo, un loco de remate, por lo que oí. Yo estimo que si le pregunto sobre Don Nicolás me podrá decir todo lo que necesito para llevar a cabo todo esto”.
Parándose de donde estaba, se dijo: “Bueno la carretera no esta muy lejos de aquí”, mirando a su alrededor, “Pero yo creo que cuando sepa donde esta ese maldito escritor, tendré que atravesar una gran distancia, por ello voy a tener que reforzarme con ropa y comida suficiente para sobrevivir en la travesía, pero no quiero ir a mi casa, temo que ese infame me mate allí mismo, mejor voy donde Manuel, él siempre me a ayudado, él no tendrá ningún problema en proveerme de ropa, comida y todo lo que necesito para este viaje, además él es un gran conocedor de armas, no tendrá problema en facilitarme alguna para llevar mi cometido”
Después de haber meditado y decidido, comenzó a caminar en dirección a la casa de su amigo Manuel Espinosa.